Autor: Sebastián Salazar Bondy
Tengo un recuerdo infernal de mis estudios de gramática y sospecho que el ejercicio de mi vocación literaria ha sufrido, y aún sufre, de esa ingrata memoria. Un verdadero jardín de definiciones indemostradas, de ejemplos exóticos (¿puede haber algo más exótico para un adolescente de este siglo que frases como: "Hola, dije al delfín del fin que saltaba sobre la ola"?), de excepciones que anulan la regla, de ilustraciones anacrónicas, preñaban el texto que el profesor repetía y hacía repetir con puntos y comas. Solo tras arduo trabajo de comprensión los alumnos llegábamos a entender, y eso a medias, la esencia del caso, del tiempo verbal (¡aquel fantasmal subjuntivo, sobre todo) o de la conjugación irregular, etc.
En los años superiores, la agobiante preceptiva, primero, y la historia literaria, después, la una con sus series descabelladas de clasificaciones y la otra con su enumeración meramente bio-bibliográfica, probaron en un cepo intelectual la inclinación a las letras de unos pocos y alejaron a los más de todo contacto con una disciplina que hacía de la poesía y la bella prosa de la canción épica y el teatro, medios para componer cosas tan innecesarias como "Los amantes de Teruel".
Valga la reminiscencia personal para apuntar la tendencia pedagógica de nuestra escuela secundaria encarnada por cientos de maestros jóvenes.
LA LENGUA ESPAÑOLA
Me refiero concretamente al reciente libro de Luis Jaime Cisneros ("Lengua española", Ediciones Peruana, Lima, 1961) destinado al tercer año de la instrucción media. No es sólo el método, que aproxima autor y estudiante en una suerte silenciosa de coloquio, sino la ejemplificación que emplea Cisneros, tomada de la gran literatura, en esencial moderna, lo que resulta en el texto aludido digno de elogiar.
Propone, y ya en la inicial lección, un fragmento de estilo extraordinario, perteneciente a Jorge Luis Borges. Lo que sigue una exégesis que pone énfasis especial en la rica adjetivación del narrador argentino, uno de los principales, sino el primero, de nuestra lengua. Señala las particularidades de la expresión -la voluntaria aproximación de dos conceptos aparentemente excluyentes, por ejemplo-, subrayando su belleza no convencional. Y, a propósito de dicha lectura refresca la teoría ejercitando al educando a desarrollarla en el ejercicio creador. Un trabajo de composición y una miscelánea acerca de cuestiones que escapan al cauce programático, completan la lección. He aquí, en síntesis, la línea de estudio: ejemplo-comentario-cuestionario-comentario-composición-entretenimiento.
FIN DEL MEMORISMO
Es el fin del memorismo en aras del razonamiento. Así se desarrolla el libro, tocando, con ocasión de una transcripción escogida, temas como la estructura de la lengua oral y escrita, del origen de las palabras, de la creación literaria, de la prosa y el verso, del teatro, del lenguaje periodístico, etc. son nombres magistrales los que desfilan como modelos, entre los cuales no están excluidos los peruanos (...). En su comentario a este mismo libro, José Miguel Oviedo ha reclamado a los maestros el deber de renovar la enseñanza escogiendo textos como éste de Cisneros.
Conviene insistir en el llamado. Solo a los que han elegido como misión la pedagogía puede pedírseles que la saquen de su rutina, que la conviertan en alimento vivo de la mente de aquellos que quieren verdaderamente saber, aunque las autoridades conciban la enseñanza con el oficio, los sellos y el somnoliento expediente del escritorio.
Fuente: El Comercio, 3 de mayo de 1961.